Reflexión Maryknoll: un amor eterno y en constante evolución
23 de agosto del 2026
XXI domingo del tiempo ordinario
Isaías 22, 19-23 | Romanos 11, 33-36 | Mateo 16, 13-20
¿Quién podría haber imaginado lo que sucedería un día cualquiera, mientras Jesús y sus discípulos conversaban en la zona de Cesarea de Filipo, un lugar conocido por el culto a muchos dioses?
Los versículos de hoy, del Evangelio según San Mateo, recogen un intercambio íntimo y esclarecedor entre Jesús y sus discípulos, necesario para lo que estaba por venir. ¿Sabían realmente los discípulos a quién seguían y por qué? Ya habían buscado a Jesús, se habían desplazado con él de un lugar a otro, le habían visto orar y hacer milagros, le habían preguntado sobre las cosas que hacía y decía, y habían puesto en riesgo sus antiguas relaciones y formas de vida… y, aun así, seguían a Jesús. ¿Quién era este Jesús que conmovía sus corazones? ¿Quién era el padre invisible del que hablaba Jesús?
Seguía siendo un período de preparación, un tiempo de aclaración de algo desconocido e indefinido.
Como buen maestro, Jesús hacía preguntas. “¿Entienden…? ¿Qué piensan…? ¿Saben…? ¿Me aman?”. Jesús se aseguraba continuamente de que la herencia de la misericordia y el amor perdurables de Dios fuera conocida por quienes la transmitirían.
“¿Quién dice la gente que yo soy? ¿Quién dicen ustedes que yo soy?”. Surgió el reconocimiento de Pedro de que Jesús era el Mesías, el tan esperado. Su confesión es un profundo punto de inflexión: saber quién es Jesús. Qué gran lección de humildad que Jesús se dirija a uno por su nombre, como hizo con Simón, y lo llame bienaventurado. Su diálogo es un atisbo del misterio de los corazones, unidos por una confianza y una fe que trascienden el entendimiento. Es lo que hizo y hace posible el compromiso con el camino. Es por la misión: para que el amor divino, perdurable y siempre creador, siga vivo.
¿Quién puede prever dónde y cuándo Jesús volverá a plantearnos preguntas tan conmovedoras? Es la atención que prestamos a los demás y el intercambio que mantenemos con ellos los que permiten una respuesta sincera. ¿Conocemos a las “personas”, e incluso los anhelos y las creencias de quienes más cerca están de nosotros? ¿Qué grado de compromiso tenemos para comprender y apreciar los fundamentos de las vidas, las culturas, la historia, los dolores, los traumas, las alegrías, los sueños, los valores y las creencias? Las personas. Relaciones que se debilitan y otras que se mantienen unidas.
¿Podría esta misma pregunta, aparentemente sencilla, de quién dice la gente que es Jesús, cambiar para nosotros? ¿Podemos pensar en aquellos a quienes elegimos no conocer, manteniéndolos cautivos en experiencias pasadas, creyendo en rumores, fortificados por prejuicios y miedos? Podría haber un rico linaje que nos une y anhelos comunes de misericordia, paz y del Santo. ¿Qué estamos dispuestos a arriesgar por el legado compartido del amor?
La segunda pregunta de Jesús es quién creemos que es él. ¿Dónde y cuándo has oído esta pregunta tú mismo? ¿Cómo sabes que realmente es Jesús quien pregunta? Las respuestas pueden ser: hacer oídos sordos, respuestas tardías, un sincero desconocimiento, silencio… o arriesgarse a pronunciar palabras débiles y tiernas para llegar a ese Jesús que anhelamos y esperamos conocer. ¿Estamos dispuestos a ser llamados bienaventurados, a que se nos confíe una misión y a ser enviados por el “YO SOY”? Jesús, que cree en nosotros y es fiel, seguramente volverá a preguntarnos.
En algún momento del año pasado, se pidió a una red de personas que rezaran y apoyaran a una joven esposa y madre de América Latina después de que el ICE la arrestara y la detuviera en un centro lejos de su familia. Su identidad en “el sistema” ya no era su querido nombre, sino un “número A”, su identificación de extranjera. Han pasado los meses —entre silencio, trámites legales, el valor de confiar su historia a abogados desconocidos, audiencias, esperanzas que surgían y se desvanecían, y cada vez más espera.
Hace unas semanas, dos personas de nuestra red de apoyo pudieron visitar a la joven en el centro de ICE. Ella habló con cautela de las condiciones del lugar y de cómo echaba de menos a su familia y los acontecimientos importantes para sus hijos. Cuando le preguntaron cómo pasa el tiempo, dijo que sabe que Dios tiene un plan para ella en ese momento y en ese lugar. De alguna manera, se las arregla para reunir a otras mujeres detenidas para rezar y compartir historias bíblicas, y comentó que algunas mujeres no saben nada de la Biblia ni de Dios. Le alegra compartir lo que sabe y cree, y cómo Dios está con ella.
¿Qué experiencia y qué palabras de misericordia, esperanza, fe y amor están recibiendo los demás de ella? Justo donde se encuentra, en medio de esta triste e insospechada parada en el camino de su vida, responde de manera muy personal a la pregunta: “¿Quién dices que soy yo?”. Aunque tenga que susurrar, el mensaje resuena con suficiente fuerza como para que los demás lo oigan. ¿Cómo es que sabe que “YO SOY” la ha enviado con valor y con el fuego del amor para arrojar luz en la oscuridad? Gracias a ella, es posible que otros también escuchen esa misma pregunta de Jesús: “¿Quién dices que soy yo?”
Cesarea de Filipo fue solo una parada en el camino hacia Jerusalén, en la que tuvo lugar un intercambio íntimo y esclarecedor entre Jesús y los discípulos. Fue un tiempo de preparación para lo que estaba por venir. Muchas cosas han cambiado desde la época de Jesús. El mundo ha cambiado drásticamente y dolorosamente. Nos rodean muchos “dioses” del odio, la codicia, el poder y el desprecio por todas las formas de vida. ¿En qué punto nos encontramos en este viaje por el universo, y para qué fundamentos duraderos de la misión de Dios —un amor eterno y en constante evolución— estamos llamados y bendecidos?
La Hermana Maryknoll Janet Hockman, educadora y ministra pastoral, prestó servicio misionero en las Islas Marshall y en Nepal, y ocupó cargos en la congregación en Chicago y en Maryknoll, Nueva York. Actualmente es coordinadora de la comunidad de las Hermanas Maryknoll en Monrovia, California.
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Imagen destacada: Una mujer detenida se encuentra sentada dentro de un vehículo rodeada de agentes federales en Minneapolis el 21 de enero de 2026. (OSV News/Leah Millis, Reuters)
